Seguridad y salud en el trabajo. Empresarios Responsables.

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Hace unos días visité una obra de reforma de una cubierta en Talarrubias (Badajoz), donde pude comprobar con gran agrado las medidas de seguridad adoptadas por la cuadrilla que estaba ejecutando los trabajos. Perfectamente atados y protegidos de conformidad con la normativa.

Al felicitar al oficial de la cuadrilla por la actitud, éste me hizo notar que él tenía una familia y que además entre los peones se encontraba un hijo suyo. «Por nada del mundo me perdonaría que le pasara algo o que yo dejara mi familia huérfana por una obra».

Este amor propio por su seguridad y la de su cuadrilla me hizo reflexionar sobre las distintas responsabilidades que concurren en los distintos agentes que intervienen en una obra: las empresas contratistas, las direcciones facultativas y en última instancia los propios trabajadores. Pero en esta ocasión me centraré en la responsabilidad que atañe a los empresarios, pues es a ellos a quien señala la propia Ley de Prevención de Riesgos Laborales como máximos responsables de cuidar la seguridad y salud de sus trabajadores.

De todos es sabido que desde el mundo empresarial la seguridad en el trabajo es observada, tambien, como un coste añadido a la producción, pero que no ofrece ningún retorno de la inversión que conlleva. Esto hace que en tiempos de crisis económica donde se tiende a minimizar los costes, los asociados a la seguridad en el trabajo sea uno de los peores vistos. Sólo esa visión ya de por si es perniciosa, pues no propicia una concienciación positiva ni en el empresario ni en sus trabajadores. Sin toma de conciencia real poco podemos esperar de las acciones propias.

Pero es aquí donde quiero llamar la atención sobre las empresas constructoras y el resto de agentes que intervienen en una obra. El beneficio que podemos esperar de una inversión en P.R.L., es el que se deriva de su observancia. La imagen de seriedad de la empresa frente al contratista, la administración que ejerza labores de inspección, la dirección facultativa, produce mayores retornos económicos que cualquier acción de marketing. Sólo hay espacio para un tipo de empresa en el mercado actual: la que hace las cosas bien, incluida la seguridad del trabajador.

Ni que decir tiene las consecuencias personales y económicas que conlleva cualquier tipo de accidente. Desde la pérdida de productividad en el momento del accidente y días posteriores, retrasos, inspecciones, hasta el ingente esfuerzo que provocará en la empresa y al coordinador de seguridad y salud lidiar con el expediente resultante de cualquier incidente laboral, llegando incluso en los casos más extremos a las responsabilidades civiles y penales en las que se pudiera haber incurrido.

Insisto que no es una cuestión tanto de costes como de beneficios, pero a veces para visualizarlo bien hay que hablar de costes para que cualquiera pueda entender que a los beneficios obvios de llevar una buena política de seguridad en el trabajo se le pueden sumar un ahorro de costes que se darían en el caso de no llevar esta buena política; póngase en el caso de un accidente laboral en una obra.

El del propio trabajador y sus compañeros, al trabajador accidentado lo perdemos por un tiempo indeterminado, a sus compañeros los perdemos el tiempo que se vean implicados en el auxilio al accidentado, en el mejor de los casos ya hemos echado la mañana. El esfuerzo en tiempo y recursos que lleva la reorganización del trabajo, la gestión del accidente (mutuas, inspección de trabajo), y esperemos que todo estuviese en regla; de no ser así las sanciones (y no pequeñas por cierto) empezarán a hacernos lamentar haber despreciado el «coste improductivo» en P.R.L.

Por desgracia muchos accidentes de los que se dan en obra tienen consecuencias fatales, lesiones incapacitantes, minusvalías e incluso la muerte. Este tipo de accidentes y consecuencias desencadenan un huracán de responsabilidades y sanciones que abocan al abismo a cualquier pequeña o mediana empresa. Concienciarnos de esto, formar a nuestros trabajadores y concienciarlos a ellos, adoptar las medidas necesarias y realizar las tareas de inspección pueden suponer la diferencia entre tener que lamentar un suceso y confiar en la sanidad, o tener que echar el cierre, arrepentirnos toda la vida de una muerte en ocasiones evitable, y tener la espada de Damocles penalmente hablando sobre nuestras cabezas.

Aprovechemos una buena gestión en materia de seguridad y salud laboral para hacer destacar  a nuestra empresa dentro de un océano de empresas que desprecian la calidad en todos sus ámbitos de actuación. No cabe duda que todos, clientes, direcciones facultativas, administraciones, empresas contratistas, preferimos trabajar con aquellos que cuidan su seguridad y la nuestra. No dar importancia a estos aspectos hará que la relación con la inspección de trabajo y con la dirección facultativa se complique hasta el punto de que sus órdenes y paralizaciones hagan realmente complicado sacar adelante un trabajo,  pero no por su culpa sino más bien por la del empresario que decide menospreciar las medidas de seguridad.

Atarse, ponerse las protecciones, colocar los elementos de seguridad, señalizar los riesgos, nos compete a todos. Pero es la propia empresa quien en primera instancia debe formar, concienciar y promover estas acciones entre sus trabajadores. A los demás corresponderá asumirlas en unos casos, y comprobar que esto es así en otros.

 

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